miércoles, julio 20, 2016

En bici por La Ruta del Danubio (II)

2da Etapa de Inzell a Linz.

Salimos temprano luego de un desayuno extraordinario en el Gasthof de la familia Steindl, pero amanecimos con lluvia y frío, como si el sol del día anterior hubiera sido un espejismo. El trayecto se asemeja mucho al de la primera jornada, laderas boscosas a un lado y al otro del Danubio. Por el camino nos encontrábamos con otros grupos de ciclistas que parecían ir mejor preparados que nosotros, al menos para un clima como el de aquella mañana.


Luego de recorrer un tramo de aproximadamente unos 8 kilómetros la geografía cambió y el paisaje se tornó más llano. Seguía lloviendo, tal vez por eso no nos detuvimos en Aschach, un pintoresco pueblo de decenas de restaurantes y cafés con terrazas que daban al río. Imagino que estén muy concurridos en las tardes y noches del verano austríaco.

El próximo pueblo en el recorrido, Ufer, era también el punto donde debíamos tomar otro ferry, mucho mayor que el anterior y preparado hasta para transportar automóviles. De manera que seguimos hasta la entrada de Wilhering para una breve visita a su Abadía Cisterciense. Pero tras consultar con un amable local, este nos recomendó regresar a tomar el ferry, pues la ciclovía era más segura por la otra margen del Danubio y si continuábamos por donde veníamos tendríamos que tomar la carretera regular y allí el tráfico sería muy peligroso para tres ciclistas.

Ottensheim en la otra ribera
Así lo hicimos y tras el cruce en la plataforma de Ufer continuamos por la ribera norte. Dejamos Ottensheim cuando ya casi era mediodía y otra vez faltaba muy poco para cumplir con la meta del día. La velocidad se la debíamos a Marta, que llegó en mejor forma que nosotros, tras sesiones diarias de gimnasio y yoga. Poco más de una hora después del cruce arribábamos a Linz, capital del estado de Alta Austria y donde habríamos de pasar la noche, esta vez en un pequeño apartamento que habíamos reservado por Airbnb. Quedaba justo en la Hauptstraße, a poca distancia del Puente de los Nibelungos, muy cerca también del Ars Electronica Center, todo un orgullo de la arquitectura local.

Linz, Alta Austria.
No tenía muchas expectativas sobre Linz. Alguna vez leí que era una de las preferidas de Hitler y confieso que seguramente tal vínculo me había prejuiciado en su contra. En el corto paseo que dimos, tras de instalarnos y descansar, me atrevo a decir que descubrimos una ciudad tranquila, algo más provinciana que Viena, pero con ciertas huellas de un pasado esplendoroso. Por un descuido me olvidé de investigar algún sitio donde degustar la famosa Tarta de Linz, así que nos quedará para una próxima visita.

Catedral de Linz
De vuelta a nuestro apartamento en la Hauptstraße nos esperaba una comida ligera, un buen vino y la posibilidad de un descanso. Sin embargo, la cercanía de la universidad le arrebató a nuestra noche cualquier viso de la tranquilidad. Afuera los estudiantes estaban de fiesta o tal vez nos tocó hospedarnos en la zona más concurrida de la noche linciense, pues la algarabía apenas amainó hasta bien entrada la madrugada.


Al día siguiente, tras un desayuno para campeones, nos esperaba otro de los tramos más largos del recorrido que habíamos elegido. Salimos lo más temprano que pudimos, aunque a esa hora ya el sol estaba instalado en su puesto de observación privilegiada y parecía dispuesto a castigarnos con sus rayos durante la mayor parte del trayecto. Dejamos Linz con la certeza de que sería la mayor ciudad de toda la ruta. Muchos de los que la han hecho le dedican uno o dos días, tal vez le encontraron mayores atractivos. Nosotros, a dos días de recorrido y todavía pensando en los kilómetros que restaban, no le dedicamos mucho tiempo.

Continuará